jueves, 21 de enero de 2010

IMAGENES VI















Bajo los árboles y de entre los pájaros una mariposa baja en tirabuzón hasta el cauce del arroyo y se detiene sobre la hoja de un cardo al borde del agua. Quieta. ¿Cuánto tiempo podrá estar así y por cuánto tiempo yo podré estar frente a ella, inmóvil, leyendo y observando? ¿Quién de los dos se moverá primero y antes desconcentrará su tarea. Por qué no levanta vuelo para que pueda ver con mis largavistas sus alas coloreadas en su máximo brillo?


Casi sin poder volver sobre mí, tomo un coquito de eucalipto y se lo arrojo. Fallo. Pasó cerca. Tomo otro y se lo vuelvo a arrojar y vuelvo a fallar como falla la carcajada y vuelvo a intentarlo 70 veces hasta que repentinamente me descubro acosándola y fallando sobre su paz y silencio, dando una y otra vez en mi cuerpo-blanco, y en mi intento de buscarme me desconcentro. De un segundo para el otro soy un moscardón más! La mariposa ni enterada.




Me doy por vencido, acepto mi inferioridad e intento olvidarla, vuelvo a encontrarme bien deambulando entre los gallos y el silencio de las sombras, las luces en vaivén entre las ramas de los árboles.






LUCES Y SOMBRAS



Me atoro con parlanchines
y me atraganto con palabras
y pensamientos kun-fun-didos
por entre las vías respiratorias y excretoras
en loop constante entre mi boca, los ojos y el ano

(sin saber qué hacer con mi ego)

Me aturdo con las voces forzadas
y la risa constante me satura
tan fácilmente el revoloteo social y ajeno

Me aparto e intento llamarme al silencio
de estar a la media sombra.

miércoles, 20 de enero de 2010

ALTOS EUCALIPTOS


La mejor y más triste melodía surgió hace un año atrás en los pasillos del hospital de Clínicas, en el desván de la escalera del 10° piso, desde mis labios por entre la armónica hasta los oídos del maestro Becher sentado en su silla de ruedas, creyendo que no se iba a levantar jamás –recordó el joven acampante a la par que soplaba su armónica entre los árboles, a la noche y a los perros aullando confundidos por lo desconocido del sonido en sus oídos. Bara ba pa pá, Bara ba pa pá, Bara ba pa pá, Pa pá, preparaba la melodía y la desgranaba, iba y venía, subía y bajaba con un grado tal de lentitud y melancolía, al tempo del fin de los tiempos. Pero pasó y el tempo también se fluidificó y aceleró a la vez por entre las venas del maestro, y alegre una tarde volvió sobre su ánimo, sobre sus pies y sobre sus historias, y esta melodía triste y falsamente premonitoria quedó atrás en el recuerdo, como una falsa alarma junto con las fantasías de un próximo final.




sábado, 16 de enero de 2010

IMAGENES IV









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IMAGENES III



Por qué las nubes copian
el perfil de las montañas
y la frente de este acantilado



Y tuve una impresión
algo de la imagen lúcida de anoche decía,

Si tal cosa se repitiera indefinidamente
entonces sucedería tal otra
se haría visible, sería verdad




Y cantando bajito fui elevando:



Yo soy un cosmopolita
que viene de todas partes

yo soy un cosmo polilla
que viene de cualquier parte

Yo soy un cosmopolita
que viene del universo

yo soy un cosmo polilla
que viene del multiverso


Con siku, algo así:

Sol si si / sol si sol si si
fa la la / fa la fa la la

idem

mi sol sol / mi sol mi sol sol
re fa fa / re fa re fa fa

idem

viernes, 15 de enero de 2010

IMAGENES II




A la distancia el mar se me hace parejo
con los largavistas late
respira armonía contenida
descansa al borde del horizonte

Anoche entre los altos eucaliptos
tuve un sueño que no recuerdo

Una imagen clave que no recuerdo
pero que fue
está latente





Hoy, un hombre groso
de las montañas
se acercó a la costa
y me alabó la eternidad del mar
siempre distinto siempre igual



Yo alabé sus montañas
y al decirle mi sueño de una mujer kolla
me respondió, si tiene plata mejor.

IMAGENES I








¿Y a dónde vas a ir a parar con tus huesos? IX




El rugido del mar más la noche
el aleteo, los cacareos, el ulular
una jauría de perros
los pasos de uno de ellos
galgueando al margen
los restos y descuidos
desde adentro
a centímetros de mis oídos

alguna berreada
un mugido salvaje
los lechones gritando en la mañana

¿Y a dónde vas a ir a parar con tus huesos? VIII


Por la tarde, el joven acampante toma un instrumento e improvisa La danza de la hormiga –pieza para armónica invertida y hormiga campante atravesando un paño rojo a lunares blancos. Luego, con una flauta, esboza un preludio para Musgo y Corteza.

¿Y a dónde vas a ir a parar con tus huesos? VII




La depresión es la parálisis del burgués,
por lo que la única cura a nuestra sicosis ciudadana
es retirarse a la montaña, tierra adentro
o a costas más vírgenes
desconectarse y desadaptarse
establecer un vínculo directo con la tierra
el aire y el sol

y la música siempre
el baile
la palabra
dicha y cantada
como el mar.

¿Y a dónde vas a ir a parar con tus huesos? VI




La ciudad con su luz eléctrica, el techo y las ventanas, me vuelve naturalmente hacia la lógica del noctámbulo, del guardado y por momentos ostra, del interior/noche y con los años hasta del interior/día, sobrio, serio y moderado; pero acá en la naturaleza –pensó el joven acampante, baja la luz y podés hacer fuego por un rato, luego la leña se acaba y la temperatura corporal disminuye al punto en que la oscuridad se presta para entrar y acostarse boca arriba, cerrando los ojos con las manos tomadas sobre el pecho y ambos oídos bien atentos, pantallas de lo que no ves, el viento en lo alto de las ramas bien altas contra el cielo bien negro y más lejos las estrellas; los pasos del galgo, la base de los grillos y algún gallo; la oscilación del mar y luego la del frío, una manta y me duermo. En el campo, la noche, es el tiempo del ciego y del sueño; en la ciudad, del desvelado y las pesadillas. Adentro, en la carpa, con los ojos cerrados, estás casi afuera salvo por la imaginaria tela mosquitero, la “puerta de entrada” siempre abierta y enrollada aunque haga mucho frío.